La ciudad de Avilés, surge ocupando la fosa rellena de su ría, que a su vez encaja en la "rasa" o plataforma de abrasión, que es una prolongación hacía el sur de la del Cabo de Peñas y se sitúa a 100- 120 m del litoral; al sur de la villa, una zona montañosa, formada por las estribaciones septentrionales del macizo del Gorfoli, cuya altura máxima es de 677m.

Puerto de mar natural desde tiempos inmemorables, situada en el centro de la costa asturiana, al oeste del Cabo de Peñas, a 500 m. del mar. Dista menos de 30 Km de Oviedo o de Gijón. Su crecimiento fue lento hasta 1.950 en que sus más de 21.000 habitantes se duplicaron en una década.

Para visitar

Gastronomía

Playas

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El gran desarrollo que sufrió la ciudad en los últimos 40 años viene dado por la industrialización que sufrió el Concejo con la instalación de la Empresa Siderúrgica Nacional, ENSIDESA, de capital estatal, hoy con el nombre de ACERALIA y en manos de socios particulares. Escoger esta ciudad para localizar dos altos hornos, los diez hornos eléctricos y varios trenes de laminación, se debió al puerto de San Juan de Nieva y la proximidad de yacimientos de carbón en las cuencas asturianas y de los yacimientos de hierro, los cotos Wagner y Vivaldi a 300 Km, en la provincia de León.

Otras muchas y variadas industrias conforman el marco económico de Avilés, y aunque fuera de su Concejo, pero integrada en su vida esta la Real Cía. Asturiana de Minas.

En la ciudad la vorágine urbanística de los años anteriores, se intenta compensar con una mejora en parques y calles muy restauradas, pero con un marcado y peculiar sabor: parques de Ferrera, del Muelle, de La Magdalena, la calle de Galiana, Rivero, Plaza del Carbayedo...

 

GASTRONOMÍA

Mariscos, pescados, carnes y dulces tradicionales (como las marañuelas) junto con fabadas y potes, arroz en paella, arroz con pitu de aldea o con mariscos estan presentes en las mesas avilesinas. Escalopes, chuletones, asados de cordero o de cabrito tradicional comparten mesa junto a platos de nuevo cuño como el rodaballo con manzana, almejas con verdura, lubina al cava, oricios gratinados o el pixín relleno de centollo.

 

PLAYAS

EL crecimiento vertiginoso de Avilés trajo consigo la transformación de unos bellísimos parajes, de los que cabe destacar la playa de Salinas. Esta, de rancia tradición vacacional, de cuando sólo las familias más pudientes podían disfrutar del veraneo, está llena de segundas viviendas de mayor envergadura y mucho más antiguas que en cualquier otra zona típica de vacaciones, conformando una ciudad jardín, que adquiere un aire entre decadente y opulento difícil de disociar. Su largo paseo y el museo de Las Anclas al final de él, urbanizan una playa de dunas donde es frecuente ver surfistas.

 

PARA VISITAR

Sus mejores monumentos son de los siglos XIII y XIV (transición del románico al gótico), que es la época en que se independizó del cabildo ovetense. Ejemplos son:

La Iglesia de Santo Tomás, donde reposan los restos del conquistador de La Florida: Pedro Menéndez de Avilés

La Capilla de los Alas, de 1.346

El Ayuntamiento, de estilo Herreriano es del siglo XVI

La casa del Marqués de Valdecarzana, del siglo XIII

La casa del Marqués de Campo Sagrado (1.663), de estilo Barroco.

 

HISTORIA

El nombre de Avilés, proviene probablemente del antopónimo latino ABILIUS, como ocurre con muchos otros nombres asturianos (Llaranes-LARIUS; Moriana-MORIUS), lo que indicaría la pertenencia de esos lugares a esos personajes cuya titularidad bautizó durante siglos sus territorios.

Son escasos los restos arqueológicos de la villa:

Un hacha del Paleolítico Inferior, periodo Achelense, y tres del Neolítico.

Fragmentos de tégulas romanas, una con la firma del alfarero (Licinius); una inscripción, una estela antropomorfómica y algunas monedas

Una moneda Sueva, o de finales del Imperio Romano.

Durante la Edad Media, en el 905 aparece un documento donde se nombra a la villa y en el que se hace referencia a dos iglesias.

Alfonso VI, en 1085 le concede el Fuero de Avilés, permitiendo el comercio por su puerto, libre de impuestos. Este privilegio fue confirmado por sucesivos reyes.

El pergamino original de este Fuero se perdió, pero una copia romanceada del año 1289(según Alfonso VII) se conserva en el ayuntamiento de la ciudad; por él se liberaron de cualquier yugo eclesiástico o señorial para depender únicamente de la Corona, a la que siempre defendieron.

La libre actividad comercial fue otorgada desde "la mar, hasta León" y Fernando IV lo amplió a toda Castilla.

En 1.226 aparece en una carta real de Alfonso IX entre las principales villas de Castilla

La villa participaba de las Cortes del reino, apareciendo en numerosos documentos, como en 1.318, cuando Alfonso XI para acrecentar "la su villa de Avilés" los Concejos limítrofes. El Ayuntamiento como tal ya aparece en 1.308

Sus murallas defendieron la villa hasta 1.818 en que se derribaron por motivos urbanísticos y de las que queda un pequeño trozo frente al parque avilesino.

Enrique III estuvo en la ciudad con ocasión de la insurgencia que creó Don Alfonso, conde de Gijón, hijo bastardo de Enrique II de Trastámara, fundador de dicha dinastía. Don Alfonso atacó y quiso someter a la villa, sin conseguirlo.

La vocación mercantil de la villa viene remarcada por la advocación de la única iglesia intramuros a San Nicolás de Bari, patrón de mercaderes.

Desde 1.482 se conservan las actas de los acuerdos que jueces y regidores tomaban sobre la vida de sus ciudadanos.

En 1.479 se produjo un gran incendio, por lo que los Reyes Católicos concedieron el privilegio, como ayuda, de celebrar un mercado franco todos los lunes. Felipe IV en 1.622 lo confirmó.

En 1.529 obtiene, junto con otros puertos importantes, autorización para comerciar con productos traídos de América, hasta entonces privilegio de Sevilla.

En 1.585 Felipe II da permiso para la construcción de un muelle y en 1.605 Felipe III para que en él puedan entrar navíos de "alto bordo".

En 1.658, la villa contrata a un hombre para que una vez a la semana vaya a Oviedo a llevar cartas y traer las respuestas; con esta periodicidad continuó el servicio de correos hasta 1.690 en que se amplió dos veces a la semana, salvo en el invierno.

El 22 de Abril de 1.677 se celebró la primera sesión en la actual casa consistorial.

En 1762 los ingleses tomaron el castillo que en San Juan de Nieva defendía la entrada a la ría, arrojando los cañones al mar (cañones que por cierto, habían sido a su vez tomados por los avilesinos de un barco naufragado en Bañugues); los de Avilés contraatacaron, obligando a retirarse a los invasores pocas horas más tarde.

En 1.809 intentando detener a la columna napoleónica de Marcognet, los vecinos de la villa, mal armados y mal organizados, la atacaron en Valliniello, Concejo de Gozón, siendo derrotados; la compañía, mandada por el capitán Clavet, entró en la villa haciendo cargar a sus hombres y matando a más de 200 defensores tan solo en esa acción. Los franceses estuvieron en la villa hasta 1.811

En 1.818 se derriba la mayor parte de la muralla y por el contrario, comienza la construcción de la dársena de San Juan de Nieva, el malecón de la desembocadura de la ría

Nuevas industrias como las fundiciones de Arnao, la Vidriera(1.844), telares, fabricas de curtidos y la carretera de Oviedo en 1.847

Visitan la villa Isabel II y su esposo el rey Francisco de Asís en 1.858, alojándose en el palacio de Ferrera.

Se funda la Escuela de Artes y Oficios en 1.879

Se instala la primera imprenta en 1.865 y varios vecinos se asociaron para publicar el primer semanario: El Eco.

En 1.887 comienza la obra del FF.CC. de Villabona a San Juan de Nieva, terminada tres años después

En 1.890, se instala el teléfono y Leopoldo Carvajal, senador por la isla de Cuba costeó el alumbrado eléctrico

En 1.893 se crea el Arciprestazgo de Avilés.

En 1.900 se pone la primera piedra del teatro Palacio Valdés.

En 1.908 se funda La Voz de Avilés.

Este siglo representa el despegue industrial del municipio, la llegada de los desastres de la guerra Civil, que da paso a la vertiginosa industrialización de la zona y a sus consecuencias.

En 1.950 se instala la Empresa Nacional Siderúrgica, cuando la villa tenía 21.000 habitantes, 15 años después esa población se multiplicaba por cinco y en 1.968 llegó a los 80.000 habitantes.