PELAYO

(?-? 737) Primer rey de Asturias (reinante 718-737). Se refugió en Asturias después de la batalla de Guadalete. (711).

En un principio se sometió al valí musulmán Munuza, que lo envió a Córdoba (según cuenta la leyenda para alejarlo y poder casarse con su hermana), pero en 717 huyó y se refugió en los Picos de Europa, donde fue proclamado príncipe después de que durante una reunión de astures les exhortara a la rebelión contra los invasores.

Estatua de Pelayo en Gijón

El nuevo valí de Córdoba, mucho más preocupado en continuar la extensión del Islam por Europa, envió una pequeña expedición de castigo para someter a los insurrectos mandados por Pelayo. Éstos, que se habían refugiado en el valle de Covadonga, consiguieron derrotar a los musulmanes aprovechando sus conocimientos sobre la orografía del lugar (batalla de Covadonga, 722), lo que consolidó al pequeño grupo insurgente. Pelayo estableció su capital en Cangas de Onís desde donde continuó luchando contra los musulmanes junto al futuro rey Alfonso I de Asturias, el cual se había casado con su hija Ermesinda (vea Edificios Muy Interesantes: Iglesia de Abamia)

 

GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS

(Gijón, 1744-Vega, Asturias, 1811). Pensador y hombre de acción, destaca como jurista, académico, reformador económico, estadista. Ejerce como clérigo, hombre de mundo, sabio, poeta y dramaturgo. Es considerado como uno de los autores más importantes de la Ilustración española.

Jovellanos nació en el seno de una familia noble aristocrática, aunque no excesivamente adinerada, y pasó su infancia en Gijón, y tras una esmerada educación, se graduó de bachiller en cánones el año 1764. Su carrera eclesiástica en Oviedo, Avila y Alcalá de Henares fue abandonada para centrarse en la Magistratura.

La vida pública de Jovellanos comienza a los 24 años, cuando -en el año 1767- es nombrado Alcalde del Crimen de la Audiencia de Sevilla, un destino quizás equiparable al de juez de lo penal en nuestros días. Durante este período, mejora las cárceles, humaniza los interrogatorios, demanda la supresión del tormento y plantea la reforma de la Justicia. Además de componer su obra dramática más conocida, El delincuente honrado (1773), entra en contacto con algunos círculos ilustrados, con los que colabora. El cultivo de la poesía de sensibilidad ilustrada es evidente en composiciones como Jovino a sus amigos de Salamanca o en la Epístola de Jovino a sus amigos de Sevilla .

Permanece en Sevilla durante diez años, Alcalde del Crimen, primero, Oidor de la Audiencia, despúes; al mismo tiempo que es novel poeta y dramaturgo, activo y brillante miembro de tertulias y coleccionista incipiente de libros.

En 1778 es llamado a Madrid para convertirse en Alcalde de Casa y Corte hasta 1790.

Cuando Jovellanos llega a Madrid tiene 34 años y está en la plenitud de sus facultades como político ilustrado. Entra a formar parte, entre otras, de las Reales Academias de la Historia, de Cánones, de Derecho, de Bellas Artes de San Fernando y Española, así como la Sociedad Económica, o la Real Junta de Comercio, Moneda y Minas; representa al Gobierno en actos oficiales en provincias; es nombrado Consejero de las Ordenes Militares de Salamanca. Su estancia en Madrid coincide con el impulso reformista que caracteriza el reinado de Carlos III. Su pensamiento se plasma en infinitud de informes, releyendo los cuales se descubren ideas tan avanzadas como la defensa de la igualdad de la mujer o la necesidad de un mejor reparto de la tierra. Encuentra aún tiempo para una intensa vida social y continuar con su actividad literaria. Se convierte en una figura destacada de su tiempo.

En este período se encuadra el viaje que, en 1782, realiza Comisionado por el Gobierno para supervisar las carreteras de Asturias. Analiza por primera vez, y con sorprendente lucidez, la economía asturiana y apuesta por el desarrollo de la industria, plantea la necesidad de reformas educativas, propone al Ayuntamiento de Gijón un plan de mejoras de la ciudad, investiga sobre la historia, las costumbres y el arte de la región quedando todo ello reflejado en sus «Cartas del viaje a Asturias».

Tras la muerte de Carlos III , al cual dedica uno de sus discursos más conocidos, el Elogio de Carlos III (1788), se produce un considerable cambio en la situación política interna, que afecta a los círculos ilustrados.

La coyuntura política ha cambiado mientras él permanece fiel a sus ideas y a sus lealtades personales como muestra en uno de los episodios más conmovedores de su biografía. Jovellanos es desterrado a Gijón (1790-1798) y, en este período, publica algunas de sus obras más importantes. En el campo de la economía redacta su Informe sobre el expediente de la ley agraria (1794) y en el de la "política cultural", su Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España (1796). El Gobierno desprecia un gran talento que ganan la región y su ciudad natal, que se transformará bajo el impulso de las lúcidas iniciativas de Jovellanos.

Son siete años de destierro, pero siete productivos años durante los cuales ven la luz el «Informe de la Ley Agraria», la «Memoria sobre los espectáculos públicos» y el Real Instituto de Náutica y Mineralogía. El Instituto será la obra mimada, aunque no la única, de Jovellanos; reto pedagógico que rechaza la desfasada enseñanza universitaria y se adapta a las nuevas necesidades de la época.

A finales de 1797 es nombrado ministro de Gracia y Justicia, cargo y favor real duran poco: ocho meses, ya que su visión reformista de los problemas legislativos se enfrenta con las nuevas orientaciones políticas, por lo cual es destituido. La persecución contra los ilustrados desencadenada en 1800 provoca su arresto y, sin juicio, su encarcelación en el Castillo de Bellver, en Mallorca. Durante esta época amplía sus estudios y redacta unas Memorias del castillo de Bellver, así como diversas composiciones poéticas.

Cuando, finalmente, regresa a la Península, se encuentra a ésta desgarrada por la Guerra de la Independencia, a generales y pueblo llano aclamándole y la propuesta de formar parte del gobierno napoleónico.

Durante tres años, viejo y enfermo, Jovellanos entra a formar parte de la Junta Central que se opone a Napoleón y promueve las Cortes de Cádiz, que promulgan la Constitución de 1812. El 27 de noviembre de 1811, a los 67 años, tras regresar por última vez a su íntimo refugio de Gijón, muere en una pequeña aldea costera asturiana: Puerto de Vega.

 

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